Ante ojos

Es gracioso que se piense que la personas que usan lentes, espejuelos, anteojos, cristales (o como se les llame), para mejorar la visión seamos vistas como intelectuales o nerds.

He conocido a muchas personas que están muy lejos de eso y que tienen medidas muy altas de astigmatismo o miopía. Pero quizás la mayor parte de ellas (nosotras), puedo decir que sí tienen (tenemos) más personalidades de las que se ven cuando portamos estos instrumentos en el rostro. 

La discapacidad que tenemos no es sólo visual, sino al parecer es una discapacidad que esconde otra: no mostrarnos como somos. Creo fervientemente que detrás de una persona que usa lentes hay por lo menos 5 facetas que no nos atrevemos a mostrar.

No hablo de bipolaridad, sino de una especie de arma de defensa contra las imposiciones sociales. Con cristales puestos, mirar a los ojos es más fácil, mirar al mundo ser es más llevadero...

Detrás de una persona que usa lentes realmente sucede lo que se ve en los comics con Clark Kent, el ser humano por el que se hace pasar Superman (y no al revés, por supuesto). 

Obviamente, cuando se trata de una discapacidad física, es muy difícil que se pueda pensar que esté relacionada con algo mental. Aunque dicho así, sí tiene lógica. Pues el cerebro comanda en todo nuestro organismo. Y donde duele mentalmente, también dolerá físicamente o hará eco en nuestro cuerpo en formas muchas veces impensadas...

Aunque se quiera negar, detrás de un adulto con diotría considerable, hay un adulto al que alguna vez le costó mostrarse tal cual es.

Los cristales no protegen sólo de las partículas que arrastra el viento, los rayos del sol o los reflejos de las pantallas, sino también nos esconden de las personas.

Nos permiten guardarnos para nosotros nuestros pedacitos que no queremos develar o por miedo o por pudor o -me atrevo a decir, en muchos casos- por culpa. 

Cuando una persona se mira al espejo con lentes puestos cambia hasta su propia percepción de si misma. Cuántas veces las personas que usamos lentes nos los sacamos para coquetear o que nos conozcan los demás tal cual somos... pues esos casos suceden especialmente cuando hemos bajado la guardia y queremos presentarnos íntegramente. 

Lo triste es que, aunque queramos evitarlos, necesitamos usarlos permanentemente para las labores cotidianas. Y se vuelven parte de nuestras vidas. Una especie de invitado especial, perro faldero o hermano menor. 

Debemos mantenerlos seguros, limpios y protegerlos a toda costa.

Son determinantes para nuestras relaciones sociales y actividades recreativas. Incluso muchas personas han debido dejar la práctica deportiva por no poder dejar de usarlos...

Aunque hay formas y formas, mientras hacemos uso de los anteojos, debemos incluirlos en nuestras vidas, y ya por eso podríamos parecer, más que intelectuales, hiper responsables las personas que los portamos permanentemente. 

Porque en definitiva, no sobrevivirían más de un día un par de lentes pegados a un marco sostenido en nuestras orejas y nuestra nariz, si no tuviésemos el suficiente cuidado con ellos. 

Contaba, hace algunos días, cómo cambia la visión de las cosas a partir del uso de lentes. Las dimensiones del mundo se modifican. Nuestra relación con el espacio se amplía o se reduce, pues para lograr conseguir que nuestra visión mejore, estos cristales cuentan con filtros y grados distintos que básicamente hacen de lupas. En algunos casos estas lupas agrandan las imágenes para verlas mejor o en otros las achican. En realidad como un efecto de acercamiento o alejamiento a los objetos...

Y todo ello lleva a que veamos las cosas más grandes o más pequeñas de lo que realmente son. Y así caminamos por la vida... 

Para lograr enfocar lo que observamos, es necesario que todo esté muy bien calibrado: los cristales, nuestro cerebro y nuestras ganas de vivir (que se traduscan en nuestra voluntad de usarlos)...

Al inicio es muy difícil. Es como consumir una droga. Pues necesitamos adaptarnos a esta nueva dimensión de las cosas. No es fácil acostumbrarse a sentir todo más cerca o más lejos y nos mareamos hasta que nuestro sentido del equilibrio calibre exactamente el punto exacto en que funcionará nuestra noción de espacio.

Si nos damos cuenta, esto es un aprendizaje muy loco. En realidad es igual de fuerte que aprender a caminar. Interviene todo tu cuerpo para entrar en este mundo paralelo, en esta realidad 3D nueva para no morir en el intento.

Nuestra noción del espacio determina nuestros movimientos, nuestra velocidad, nuestras ideas de distancia...

Lo grave, lo cuestionador es que necesitamos hacerlo "por el resto de tus díaaaas, por el resto de tus dí i i as" (canción, si no me equivoco, de los Enanitos Verdes que, dicho sea de paso, tenían de vocalista (Q.E.P.D.) en su banda -de rock argentino- a una de las personas con mayor diotría conocida, del mundo de los artistas en este lado del planeta. Cuando se lo ve en los videos con sus lentes, parece que fuera un niño con estrabismo.

Imposible no sentir ternura. ¿Será que así nos vemos todos?

Muchos doctores nos recuerdan que los lentes modifican el rostro. Incluso mencionan que pueden llegar a hacer que uno de nuestros ojos sea más grande que el otro, debido al esfuerzo y trabajo que realiza el ojo para adaptarse a la medida. 

Por lo que los lentes no son sólo un simple accesorio. Son básicamente nuestros modificadores de realidad personales. Nuestro outfit permanente que marca nuestro estilo, nuestra presentación ante el mundo y a su vez la presentación del mundo ante nosotros. 

Suena cool pero es bastante traumático al inicio y sostenerlo en el tiempo es mucbas veces doloroso. 

Los lentes ayudan en muchas tareas, pero también inhabilitan a muchas cosas: dar abrazos, dar besos, emitir señales con las miradas, ver todo lo que se quiere (pues debemos acostumbrarnos a mirar de frente permanentemente (por indicación médica especialmente), pues sino lo hacemos, estamos acostumbrando a nuestros ojos a distintas medidas porque -según los médicos- la medida exacta está en el centro de cada cristal.

Con los lentes puestos siempre hay dos realidades: la que vemos enfocada (al medio de todo el panorama), y la que "vemos" desenfocada al rededor. "Vemos" va entre comillas porque esa parte, al verla desenfocada, a pesar de ser útil de referencia visual (porque nos avisa, nos alerta, nos previene), puede confundirnos.

En fin... 19 años usándolos tiene que haber tenido su fruto... aunque tristemente el fruto no fue mejorar la visión exactamente ja ja ja 

Me

Tengo una anécdota y serias enseñanzas sobre cuando me tocó quedarme sin anteojos durante un mes y mi amiga me regaló el libro con el título que decía mas o menos así: "Como mirar sin anteojos". Una joya que parece más de superación personal que de otras cosa.

Pero eso ya es para otro post. 

Concentrarse ahora, con tanto humo generado por la quema irresponsable de basura que hace una vecina de mi barrio, es ya insostenible.

Iré por mi barbijo que, junto a mis gafas, los últimos años han sido la mejor forma de no salir de mi cueva personal a relacionarme con el mundo. 

Cuevita portátil ja ja.

Me río ahora pero dormir con barbijo no es nada chistoso...

En fin, ¡Qué trasnoche madremía!


Saludos a mis amables lectores que algún día llegarán por acá.


Ilonka D. R.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

La amistad

Tic tac