Visible
Apuntes diarios.
Vine a equivocarme.
.
Siempre hay una parte de la historia que no sabemos. ¿Una?, quizás conviene decir que siempre hay una parte de la historia que sabemos, esa partecita que nos contamos de lo que creemos saber.
Desde ahí, escribo y no escribo.
En nuestras vidas, como en las películas, hay protagonistas, personajes secundarios, personajes de relleno y hasta extras. Mientras más acción, mejor. Todas las luces, cámaras y ojos están sobre las escenas que hacen la trama.
Los silencios casi no se notan cuando se trata de contar al mundo la verdad. El legado de nuestro paso.
Vamos construyendo un currículum de las tramas que destacan en sociedad, que se juntan para formar nuestra imagen institucional humana, porque somos animales sociales, porque aprendimos que la única manera de sobrevivir es en manada.
Pero no nos acurrucamos como lobos entre nosotros, no nos festejamos a diario el retorno ni la buena caza, no nos lamemos los unos a otros las heridas...
Las personas somos animales a los que la sociedad nos ha devorado, el depredador más temido, en el que vivimos, desde el que respiramos.
Esa mano invisible del capitalismo a la que obedecimos, esos dioses implacables a los que dimos de comer y ese temor por la naturaleza del principio de los tiempos a la que bailamos, es hoy ese ojo vivo del otro apuntando a nuestras partes más íntimas. Un ojo que no acaricia, un ojo que no pregunta, un ojo que sólo ve resultados, lo visible, lo posteable...
Tanto se ha leido sobre sentirse solo en medio de tanta gente... Nos devoran las ciudades, en las que somos menos que un número, pues ni siquiera respetamos las reglas matemáticas. Estadísticamente estamos en una categoría, pero cerradas las oficinas, apagadas las luces, nos saltamos de unos espacios, situaciones, condiciones, grupos, sueños, a otros.
Pero como aparatos de ejercício, corremos en el mismo sitio, sin destino, en la ilusión del escape, en la ilusión de la huída.
En nuestra época de juventud nos movemos sin miedo para cambiar el mundo y luego trabajamos durísimo para intentar pentenecer a él tratando de no desaparecer por completo. Pasamos de ser adolescentes atrevidos que buscan el poder sobre la manada, haciéndose alfas, y después de hacer el rito de paso, nos amansamos, nos hacemos dóciles a los deseos de la manada.
La supervivencia del más apto se ha traducido por tantos autores como la capacidad de adaptación al medio. Apto, adaptación... Apto para no cambiar pero sí para aguantar los cambios, adaptable para integrarnos a las cosas que vienen, para no desaparecer, borrando todo rastro de expectativas.
Muchos muros nos separan de ser verdaderas manadas, por eso se llena de luz el espíritu cuando nos relacionamos fraternalmente, físicamente. Como cuando a Amèlie la oscultaba su padre, palpitamos a tope, con miserias de cariño, con pedacitos de momentos gratos de contacto humano.
Hoy las redes sociales son el abrazo virtual, el ronroneo, el fuego nuestro de cada día que entibia el corazón de las y los incomprendidos.
Ahora la vida virtual es más real que la vida real. Allí nos atrevemos a todo, somos capaces de la sinceridad absoluta y de las muestras de afecto más animales. Lástima que ese fuego que encontramos sea tan efímero, tan ligero...
La apuesta ahora es por el contacto humano. El verdadero, el fértil y transformador, en el que los silencios detrás de cámara, el dolor, las caídas, el insomnio se hagan propuesta, propuesta amorosa y acariciable.
Lamernos las heridas, recibirnos cada día con alegría. Obligarnos un poquito a soltar, a desertar de la inteligencia artificial para reconocernos, para dejarnos ser desde nuestra naturaleza.
El miedo nos tiene enjaulados. Y es que esos muros que nos separan también son muros que nos protegen.
La profe de Fundamentos de la Comunicación en su clase, dijo que el ser humano es el único animal inconforme, que busca el cambio. ¿Será realmente?
Ahora hablamos tanto de resiliencia, de superar el cambio y prácticamente retornar al estado anterior de que este cambio sucediera. Ser inmutables siendo mutables. ¿De qué va? ¿De curtirnos?
Entonces, en palabras coloquiales, ¿diríamos que cada sociedad evoluciona según la forma en que básicamente se hace a la loca?
¿De qué depende el progreso y el desarrollo de las sociedades -visto como mejorar las formas de vida-, entonces?
Creo firmemente que de sus ovejas negras, de sus almas caritativas que no buscan dominar la manada ni seguir las tradiciones que no sirven más, sino de ser disidentes, de romper las reglas con arte e inteligencia, armando y desarmando en sus cabezas la posibilidad de mundos ideales.
Amaría un mundo ideal en el que el abrazo sea un saludo confiable, en que las sonrisas sean sinceras y en que nadie tenga que fingir alegría para no sentirse vulnerable.
El reto es, por tanto, estudiar para ser ovejas negras que crean, que olfatean las cosas podridas y buscan la forma de limpiar el espacio que habitamos, con arte, con delicadeza, con responsabilidad y previsión.
Hay que tratar, para eso, de conocer las vidas e ideas de las grandes ovejas negras de nuestra historia humana, que se equivocaron como cualquier espécimen mamífero, pero que propiciaron los verdaderos cambios, que contruyeron los inventos que a duras penas operamos el resto de los mortales, que elaboraron las fórmulas detrás de la pantalla táctil con la que hoy escribo, que desarrollaron las lenguas, permitiéndonos hoy ser autoreconocidos como sapiens sapiens.
Hagamos honor a esta dulce categoría. Que se note, que brille, que se haga visible más que nunca lo amorosa de nuestra manada en la vida real, para que esos silencios, esos dolores y soledades de los espacios fuera de cámara hagan historia, se transformen en propuesta y se sumen al diccionario, la publicación más prestigiosa de la humanidad, antes que los apartados de sociales y las revistas de vanidades, la única que leerán los nietos de los nietos.
A trabajar por nosotros y por ellos.
Día 2, casi 3.
Lindo y retador ejercício en que me apuntado para ejercitar el músculo sapiens sapiens.
A.I.D.R. 2023

Comentarios
Publicar un comentario