Tic tac
Mi abuelito Carlos y yo íbamos a la plaza principal a hacer literalmente hora para mis clases de ballet en la academia de don Mario Leyes Méndez. Yo tenía 5 años, y amaba acompañar a mi abuelito a acompañarme. Recuerdo que siempre me compraba caramelos (a pesar que tenía tienda propia) de los kioskos de la plaza y que le gustaba ver a los dibujantes que dibujaban las tareas de los niños de colegio en cartulinas inmensas con trazos de crayones esparcidos con alcohol. Eran (son, porque algunos siguen el oficio) unos genios. Mi abu era amante del dibujo, él me enseñó a amar el detalle, a observar milimétricamente el mundo.
Muchas veces dábamos vueltas a la plaza o nos sentábamos a sentir pasar el mundo: escuchar las aves, apreciar los pasos de los transeúntes entre miradas al gran reloj de la catedral que se movía implacable, pesado lleno de fuerza, como recalcando con su movimiento lo imposible de volver atrás, ¡sobre su cadáver!
Así también de imposible era que las horas no volaran en un reloj tan puntual como era el de la catedral.
No hay forma que yo vea el reloj y no vea la compañía de mi abu. Mi maestro de magia.
Y al parecer a las únicas personas que les importa verdaderamente ese reloj es a los abuelos, que miran hacia arriba, que saben escuchar el mundo, aunque este no retroceda. Los abuelos que en su paso calmado miran a los ojos, comunican con gestos y nos recuerdan que la humanidad ha cambiado en su juventud, pero que contra el tiempo y la redención, nada.
Ahí nos vemos, 8:00, 8:30.
Esta noticia me toca inevitablemente el alma... 🫠💗
https://www.opinion.com.bo/articulo/cochabamba/majestuoso-reloj-catedral-metropolitana-vuelve-funcionar-hoy/20230712143107913563.html (consultado hoy hace un ratito)
Por: Ilonka Debreczeni-Rojas (aidr)

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