La amistad

Hoy me he comunicado con dos de mis grandes amigas. 

Cuando pienso en la amistad, pienso en el grado de comodidad, de entrañabilidad y sobre todo de ternura que existe en la relación con alguna persona.

Querer en amistad es un compromiso muy práctico, que consta básicamente de querer compartir. 

Debe ser por eso que cuando dejamos de compartir creemos las relaciones de amistad terminadas. 

Si eso ocurre por falta de tiempo y distancia, siempre se salva, porque volver a contactar con un amigo de verdad, no cuesta nada. Es un acto tremendamente placentero que ocurre sin expectativas. 

El problema está en cuando dejamos de compartir por cuestiones relacionadas a malosentendidos o simplemente incompatibilidades. Ahí si que no hay vuelta atrás y realmente se puede decir que la amistad está terminada o en agonía. 

De seguro lxs lectores estarán de acuerdo con esto. Cuando en la amistad existen sucesos que nos descepcionan profundamente, eso está perdido. 

La única pócima para cambiar eso es la comunicación fluida, sincera y directa.

Probablemente incluso se llame amistad a esas relaciones que han logrado superar desaveniencias civilizadamente, con capacidad de escucha y negociación.

Querer compartir no es fácil. No es un acto automático y menos generalizado. 

Cuando cargamos en nuestros corazones y en nuestras historias cosas que nos marcaron profundamente, cuando desconfiamos de poder mostrar lo que nos hace auténticos, el compartir es absolutamente complicado.

Por eso cuando conocemos a personas especiales, que parecen calzar perfectamente con lo que nuestro ser necesita, sentimos el llamado de la amistad. 

Pero sucede que muchas veces ese llamado es muy superficial, fruto de las circunstancias o del estado de ánimo de uno mismo o de la persona con la que estamos interactuando, y nos equivocamos. 

Y sucede también que para las personas solitarias (como yo en los últimos años), que evitamos involucrarnos íntimamente con las personas, estamos tan aisladas que no damos paso a nada en nuestra órbita, entonces cuando alguien llega totalmente predispuesto a interactuar hay dos posibilidades: que nos abrumemos o que nos encandilemos. Casi pocos términos medios. 

Y el encandilarse es tan peligroso por razones obvias, que con los años preferimos de entrada abrumarnos solitos con los demás. Para no abrir puertas, para no dejar pasar a quienes puedan dañar nuestro pequeño universo reconstruido y muchas veces desordenado. 

La reciprocidad y la empatía son tan escasas en los últimos tiempos que por eso buscamos preservar con cariño a quienes han logrado entrar en nuestro universo y hacerse un lugarcito. 

La forma en que se entiende la amistad en la actualidad, tan relacionada al eventismo y al consumo, hace que la mayor parte de los relacionamientos sean efímeros y sin sentido. 

Lo que termina uniendo a las personas es la diversión, las cuestiones inmediatas, sin cuestionarse si el de al lado comparte o no los mismos valores que uno. 

Los valores... Uno...

Y es que todos venimos de educaciones distintas, de aprendizajes diversos, en los que pocas veces realmente podemos coincidir en gran porcentaje con los demás. 

Muchas veces las personas nos dejamos llevar por las tendencias, por los lugares de moda, por los espacios que tienen cierto status respecto a nuestro ideal de estilo de vida. 

Pero en ese ambiente muy poco realmente logramos coincidir en valores con los demás, al menos en mi caso. 

Y es que todos los espacios con cierto status básicamente cuentan con reglas de adhesión, entre ellas muchas veces aquellas que rechazan la diferencia, que reafirman la identidad de grupo con base en la negación de otros grupos. 

Es ahí donde uno debe elegir si quedarse solo o adaptarse a los grupos para poder pertenecer y ser tomado en cuenta. 

Lo ideal es realmente formar nuestros propios grupos. Pero siendo solitarios, eso es misión imposible...

En fin... La amistad. 

Entenderse para entender a los demás, entender a los demás para entenderse... Hermoso círculo espiradiloso que ojalá pueda conducirnos a la realización de nuestros ideales. 

La amistad que sobrevive al tiempo, a la distancia y a los cambios, es una amistad viva, activa, comprometida, que básicamente se funda en el compromiso, la acción y el trabajo consciente con uno mismo.

La amistad no es más que el reflejo de nuestro proceso personal, de lo bien o mal que estamos sobrellevando nuestros propios temas personales. Tratamos a los demás como nos tratamos...

Por tanto, la "enemistad" o mejor dicho, el límite que tenemos respecto a cómo dejamos entrar o no a las personas en nuestras vidas, también es reflejo de nuestro proceso personal. 

Los límites que nos ponemos son fáciles de ponérselos a los demás, pero si no practicamos esos límites con nosotros mismos, muy difícilmente los tendremos de cara a las relaciones. 

Dado todo esto, cultivar la amistad es un arte. 

La amistad necesita de atención, cuidado, estimulación, sinceridad, retroalimentación recíproca.

Es por eso que, llegada cierta edad, un amigo es realmente un tesoro, una luz. Y por eso se cuida. 

Las amistades de adolescencia o juventud muchas veces siguen esa fórmula de status y no llegan a buen puerto.

La magia está quizas, entonces, en transformar esas amitades superficiales, en relacionamientos que nos interpelen y nos hagan cuestionarnos. 

Pero para eso, mi gente, casi que no hay tiempo. Habrá que entonces elegir y, según la forma en que esto es recíproco, amistar.

Me siento afortunada de haber elegido correctamente a personas que además admiro. El tiempo me ha dado la razón, pero ya no me cuestiono ni me descepciono si es que mis amigos deben tomar otros rumbos lejos del mío. 

Porque yo también cambio y yo también preciso otras personas en mi vida cuando estos cambios suceden. Por eso son contadas las personas que también me quieren en sus vidas y sienten que sigo aportando en ellas. 

En fin, "amar es cosa de valientes", como dice Drexler. Y habrá que arriesgarse nomás a amar a personas nuevas y a seguir amando a los que amamos desde siempre. 

Pero yo invoco a que cada uno de nosotros encuentre su propio camino coherente a sus valores y allí amiste. Si deben hacerme a un lado, yo feliz porque también quiere decir que también yo preciso hacerles a un lado para continuar camino y hallar mi espacio en este mundo. 

Todo cambia, es cierto. Los más sobreviven por nostalgia y los menos pero los más entrañables, por puritica resiliencia (emoticón de dos manitos haciendo corazón).

Agradezco a mis amigas y a mis amigos. Por lanzarme sus sonrisas cuando les pasa un recuerdo por la mente tomándose un trago o me incovan en sus días profundos de colores o grises. Y agradezco aún más cuando a raíz de ello se echan de menos con una llamada, un mensaje, un abrazo o una invitación a tomar un té cuando sin ellos saberlo, más los necesito. 

También les agradezco a los que se manifiestan como faros en las noches oscuras a escuchar mis penas o a sostener mis caídas. Benditas y benditos sean (emoticón de brillitos). Las y los quiero. 

Y lo agradezco principalmente tratando de ser esa persona en que ustedes pueden confiar y apoyarse.

Mis amigos y yo sabemos que uno de los principales ingredientes de nuestra amistad es la independencia y la autoresponsabilidad. Eso hace que nuestra amistad sea básicamente de compañía y esté absolutamente lejos del abuso de confianza o peor aún de la codependencia.

¿Así quién no quiere querer, así quién no quiere amistar?

¡Hasta el infinito y más allá!




Hasta mañana.

Ilonka D.










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