Juan Luis Guerra
A modo de cambiar el ánimo de hoy, hablemos de él.
Hay un lugar en especial al que me devuelve Juan Luis Guerra: la sala de mi casita en la Colombia y Antezana.
Es un músico Dominicano que (dicen) ha inventado la bachata y eso medio que ha revolucionado la música caribeña... Escuché por ahí también que es PhD en música y, hace algunos años ya, nos enteramos de que es activamente cristiano.
Lo cierto es que tiene un aire tan fresco su música que es muy difícil no llenarse se ánimo con ella.
Escuché sus canciones gracias a mi viejita, que tenía una colección de vinilos junto a mis abuelitos. Mi hermano y yo adorábamos sentirnos grandes usando el equipo de sonido de nuestra casa, pues era magia pura experimentar la manera en que la aguja puesta sobre el disco, lograba el sonido.
Ese equipo sonaba a tope los fines de semana. Mi familia, mi hogar, era muy musical: mi abuelitos siempre escuchando radio y mi mamá los fines de semana (mientras aprovechaba de poner en orden todo y descansaba de la oficina), haciendo retumbar la casa con los parlantes a todo volúmen. Siento que mi hermano luego le tomó la posta poniendo música de bandas de rock angloparlantes, latinas (especialmente argentinas) y locales, y luego yo, que me dediqué a desempolvar cassettes de trova y a cambiar de dial la radio de mi abuelito a radios como Atlántida, Activa y Estrella (que ponían rock alternativo, pop, baladas, rave, etc.).
Tuve gustos muy muy diversos realmente de peladita. Pues sí, porque era una pequeña niña cambita (de Santa Cruz, región tropical) en la llajta (Cochabamba, región valluna), que al parecer se llevó con ella el aire oriental de la picardía, la extroversión y la diversión adonde fuera.
En Santa Cruz lo que escuchábamos era trova por excelencia y en las épocas de mi niñez estaba muy de moda la música onda Sonora Dinamita, esa cumbia que parece un resultado estilizado de un estilo colombiano, mezclado con un estilo más cubano y hasta de bolero..., sólo por tratar de describirla...
Mi viejito me contó que cuando nací estaba de moda el tema Morena Tropinaca (Brasil), que yo siento mezcla de zamba con reggae ja ja ja. Y pues, mega pegajoso y sabroso, como hecho para mí.
Ya llegada a Cocha, en la primera casa en la que vivimos, recuerdo que había los restos de una palmera talada y que me subía a cantar allí como si se tratase de un escenario personal. Tomaba el desodorante de mi mamá y, a voz en cuello, salía de mis hermosas, desafinadas e infantes cuerdas vocales "¡Electricidad, cuando tú me miras!", los temas pop en español de moda de Lucerito, Pablito Ruiz, Mijares, Emmanuel, etc., etc., etc. Me los sabía todos y de memoria.
Obviamente era muy difícil no sentirme cómoda con la música habiendo tanta al rededor y con el gran ánimo que me daban mis abuelitos y mamá en ese jaleo...
A medida en que la familia se fue diezmando, primero con el fallecimiento de mi amada abuelita Nemy, y luego con la poca presencia de mi hermano en casa por sus horarios de colegio, por la actividad laboral de mi viejita (que salía muy temprano de casa, antes de que yo despertara, y llegaba siempre al finalizar la tarde o en la noche) y por la ocupación de mi abuelito, que permanecía trabajando en su tienda de seis de la mañana a once de la noche, fuimos quedando cada vez más solas la radio y yo en casa. Las tardes después del colegio eran sólo nuestras. Años después se sumó a nosotras la computadora que me regaló mi mamá, pero esa historia viene después, en otro blog...
Un día de esos desempolvé el cassette que mi viejito regaló a mi viejita. Un cassette que al parecer le llegó a mi mamá después de su separación: BACHATA ROSA..
¡Cómo me gocé cada tema caraj!
¡Qué bendición de sensaciones!
Sabía que si entraba a esa sala con ese cassette no saldría hasta el anochecer. ¡Era fenomenal! Abría la enorme ventana que daba a la calle, cerraba la cortina por la que igual entraba la luz del sol iluminando todo y dejando pasar las sombras de las personas que pasaban por ahí, y me ponía a bailar ¡Mejor compañía, imposible!
Burbujas de amor, La bilirrubina, A pedir su mano, Estrellitas y duendes... ¡Oh my god!
Increíble todo lo que me alegraba y alegra ese disco hasta la fecha.
Si quiero ponerle onda a mi día, un poquitico de Juan Luis Guerra.
Por suerte en esos años mozos aunque no tan hermosos, conocía a otras loquitas como yo, que amábamos el dancing y nos juntábamos para ensayar coreografías algunas tardes: El General, Natusha, Vico C, etc. La verdad es que todo bastante caribeño.
Esto debió durar hasta los 10 años más o menos. Luego ya los encuentros para todo esto cesaron, pero el gusto siguió allí.
Mi pequeño yo siempre amando la salsa, el merengue, la reciente bachata, los ritmos electrónicos mezclados con reggae y hip hop..., etc.
Mi hermano y yo no en vano alucinamos cuando escuchamos el tema de La Hormiguita de Juan Luis por primera vez en una novela colombiana que salió y se veía en casa.
Juan Luis también me acompañó en mis días isleños en 2011 y 2012. En pleno altiplano lacustre, en la soledad de la casa de mis padres isleños putativos, yo me ponía su musiquita mientras lavaba mi ropita con agüita que salía a gotitas de la pila del patio los días que abrían las aguas de la vertiente, cuando no tocaba ir a las orillas del lago a lavar.
Buscando musiquita dominicana me encontré con otro ser de luz: Vicente García, que rescata en sus temas muchos ritmos dominicanos y crea obras hermosas, por supuesto con mucho arte y sabor.
Ambos me han salvado al entablar conversación con un dominicano en una app de citas. Hablando con él me di cuenta que lo único que sabía de su país era ellos dos y que no conocemos casi nada de ese país de este lado del planeta. Si bien no hubo química con este personaje, terminé enamorándome de su país.
Me he dado cuenta que cada que conozco a una persona nueva, comienzo preguntándole sobre las características del lugar en que vive y la música que escucha, y no es por tener tema de conversación simplemente, sino por una curiosidad auténtica y genuina que me permite armarme el rompecabezas que son las personas.
Y así, sin querer queriendo, los dominicanos hoy son parte de mi cotidiano: músicos y creadores de contenido.
¡Qué país hermoso! Qué gente de colores que piensa en grande y trama desde su pequeño espacio, propuestas súper inclusivas.
Mis favoritos: Elaine Feliz, Nicole Pichardo, Jorge Chaljub y Stephany Liriano, entre others.
Obvio, así, mezclado con english porque así hablan ellos por su relación con EE.UU.
También el corazón me llevó a amar Nicaragua. Pero esa ya es otra historia...
¡Que viva Juan Luis! Y que viva esa hermosa familia que creamos la música caribeña y yo (emoticón corazón y emoticón brillo de estrellas).
Si alguien lee esto y tiene alguna anécdota que contar sobre su relación íntima con algún estilo de música en particular, yo feliz de leerles.
Ya saben, este es sólo un ejercicio, no pretende nada más que darme disciplina con la escritura (no académica).
Salud y saludes.
No exploro aún el lenguaje inclusivo en mi blog por miedo a equivocarme. Sobre eso también quisiera saber más. Si me ayudan, ¡genial!
Ahora sí, hasta mañana.
ilonka D. R.

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