Burocracia

Era el nombre de la tortuga de Mafalda...

Y ojalá sólo fuera lenta. También resulta que es insegura.

Al menos en Bolivia, la burocracia no es como se muestra que fue planificada en los grandes textos de Antropología Urbana... 

Resulta que todo para lo que fue proyectada, aqui no cumple una función realmente efectiva, al menos para lo que fue hecha...

Es interesante la manera en que nos apropiamos de las cosas los bolivianos. Resulta que absolutamente a todo lo foráneo que ingresa a ser parte de nuestra realidad, le damos nuestro toque. 

Muchas veces disfrutamos de ver la manera en que casi que los bolivianos nos burlamos de nuestra suerte y le sacamos partida a nuestras circunstancias.

El problema está en que muchas de las cosas que hacemos en ese camino también nos cerruchan el piso a nosotros mismos...

Y de seguro que pasa en muchos países. Y es que la respuesta a que Bolivia no progrese, en el sentido moderno y adquisitivo del asunto, pero también en el sentido del respeto a los Derechos Humanos del asunto, es básicamente el que nos burlamos incluso de lo imburlable. Como si en pleno entierro dejásemos caer el ataúd para producir un schetch cómico sin salida alguna.

Y es que tanto nos perjudica la informalidad en todos los aspectos que no se entiende realmente qué se puede hacer para combatirla. 

Obviamente buscar estrategias es la idea, propiciar charlas, consensos, consursos de ideas; plantear proyectos, hacerlos factibles, propiciar encuentros, traducirlos en propuestas, generar políticas y se pensaría que ¡voilà! ¡C'est fini!

Ojalá...

Tristemente más que una política, parece ser que lo que necesitamos es una antipolítica. Poder dar sacudones a los oficinistas, subirnos a sus escritorios, jalarles el lapicero, sentarnos en sus acolchonados, tibios y olorosos asientos y hacer las cosas por ellos. 

Cuando a uno en carne propia le toca vivir la bendita burocracia, más lenta que la tortuga de Mafalda, entiende no porqué el país está como está, sino por qué el país no está como no está. 

No estamos ni ahí de cuestionarnos las miles de cosas que nos joden la vida familiar, social, ambiental... Ni ahí de repensarnos. Ni ahí de autoevaluarnos y autotransformarnos. 

Los cambios ocurren casi a la par de la inevitabilidad de las circunstancias. 

Incluso el tema Covid, después de dos años duros, ya fue. Y no volverá hasta que vuelva.

Pareciera que nuestra historia es una lectura de noticias amarillistas que duran menos que un suspiro. 

Todo ocurre, nos vuelve locos, paniqueamos como si luchásemos activamente por nuestra dignidad a diario, como si nos doliera en el fondo del alma las circunstancias que casi nunca batallamos, pero nada cambia realmente. 

Al parecer es el mundo el que anda así. Y que lo único que cambia son las tendencias. 

Para muchos temas ya ni las leyes esperanzan. Pues no hay quién las vigile, quién se comprometa seriamente a que se cumplan. 

Somos un domingo por la tarde: el descanso de un Señor que no vigila, que no se apiada de los desprotegidos, que simplemente mira con quietud las cosas pasar. 

Quizas lo único que está mal es la falta de promoción. Mirar con ojos de alegría nuestros males y apropiarnos de ellos para que no duelan tanto y al menos se vuelvan temas de contenidos de las redes sociales aptos de viralizar.

Quizas ya no sólo habrá que minimizar lo pequeño, sino pasar a minimizar lo grande, con mayúsculas. No conformarnos con el show "inmediático" en tendencia y comenzar a entrenar a mofarnos de cada una de las partes constituyentes de nuestra identidad nacional con ahinco. 

Quién sabe y así revirtamos el conjuro, quizás así, en medio de tanto sinsentido comencemos a construir una alternativa de vida que tome en serio nuestra integridad, nuestra dignidad y a nuestras infancias. 

Hasta que eso no ocurra, probablemente no exista espacio alguno para salvarse, para evadir el show de la vida pública a la que nos han sometido las ciudades y sus instituciones gubernamentales. 

Cómo se nota cuando las personas tenemos un mal día en manos de los patriotas de cuello blanco. 




No  gracias. 

Eso por ahora. 

Hasta mañana. 


Ilonka D.




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