Hablar

Debo confesar que hoy terminé el blog de ayer. El cansancio me venció anoche y está a punto de suceder lo mismo hoy. Por lo que seré breve. Como ya dije, espero ser cada vez más breve y concisa para cumplir sin fallar esta hermosa meta. 

El verbo, la acción de decir las cosas con la voz, hablar...

¡Ufffff!

No hemos venido a esta vida con esa capacidad para no usarla. Menos si hay tanta gente que no la tiene y ha eplorado tantas maneras de decir las cosas sin tener la voz que muchos tenemos...

Quizás cuando escriba el libro de mi autobiografía +18 pero sobre -18, pueda filosofar más profundo sobre lo que me ha llevado a no mantener el pico cerrado.

Por ahora (recordando que este es un ejercicio completamente espontáneo, escrito fresco, al día, sin ediciones ni cálculos) puedo decir que hablar las cosas importantes es un acto de curiosidad. 

Cuando nos relacionamos con las personas que ya conocemos, el acto de hablar muchas veces se vuelve innecesario. En el cotidiano, cuando casi que se automatizan nuestros comportamientos, tendemos a permanecer callados. Todas nuesttas acciones ya tienen sus propios códigos y nuestras reacciones también. Pocas cosas varían. El momento de practicar el habla ocurre normalmente para dar una órden, pedir un favor, coordinar cosas, informar sobre algún cambio ocurrido o compartir algo vivido o experimentado fuera de la rutina, etc. Pero como prima la comodidad, el orden, lo conocido..., también prima el silencio. 

Pero qué pasa en el trabajo, en el relacionamiento con gente nueva. Nesitamos contar y que nos cuenten, preguntar y que nos pregunten, dar indicaciones y recibirlas. Necesitamos explorar a través del habla el nuevo contexto que estamos viviendo. 

Entonces hablar se vuelve también una herramienta para reordenar el mundo. Una herramienta para hacerse un campito en él. 

Mayo 2023. Aidr

Por lo tanto, el habla que usamos para que se logren atender nuestras necesidades básicas y nuestro aprendizaje, es también una herramienta importante para que puedan ser atentendidas nuestras necesidades complejas o de orden, relativas a la salud mental, física, social, económica, etc. 

El problema es que, como se da en los espacios de comodidad que logran armar muy creativamente las familias, en muchos otros también se cree que las cosas están acabadas y que, por tanto ya no hay nada que hablar.

Hablar es sinónimo de curiosidad porque cuando lo haces seriamente, enfocada a entender tus roles, a comprender el funcionamiento del mundo, es pues porque quieres comenzar a ser parte de él y porque de alguna manera aún no te sientes cómoda en él. 

Las personas que más hablamos, lo hacemos principalmente por la curiosidad de saber nuestro lugar en los espacios que interactuamos y porque no nos sentimos cómodas con lo que nos ha tocado en los espacios ya constituídos, en los que no hubo personas como nosotras y por eso probablemente no pudieron hacerlo mejor. 

Cuando la gente se incomoda con el acto de hablar del otro, normalmente es porque nunca se contempló a este otro. Las personas que contemplan lo inacabado de nuestra existencia, son mucho más capaces de recibir el habla de los demás en sus vidas. 

Obviamente no se puede esperar que las personas que están cómodas en su sitio hablen, incluso tampoco se puede esperar a que hablen nuestros propios seres queridos. Pues la lucha es desde adentro, no desde afuera. Nadie hablará nunca por uno.

Lo peor que puede pasar no es que nos pidan callar. Lo peor que puede pasar es que dejemos de hablar sin sentir realmente que hemos conseguido saciar nuestra curiosidad. 

Por eso, a las personas a las que las ha enmudecido el miedo y no la comodidad, no temais, que lo peor que podemos perder en la vida por hablar es la vergüenza, y lo mejor que podemos ganar es conocer nuestro canto, nuestro color de voz y nuestro espacio en este mundo.

Quizás otros puedan hacerse escuchar sin voz, pero si no pueden, quienes se sientan identificados con su causa, tienen que sumarlos a su voz.

Ya saben. Quien se atreve a callar una voz con gritos violentos, es porque tampoco encontró su lugar aún.

Y el que calla el habla del otro con amenazas más allá de la voz, de seguro está ocupando más espacio del que creemos.

El que conoce, sabe que hay lugar para todos. 

Hay mucho aún por decir sobre el tema, pero hasta aquí por hoy, personitas. 


Dulces sueños y hermosos despertares 


Ilonka D. 


"Soy una niña que pregunta" S. R. 

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